miércoles, 29 de febrero de 2012

40 años después...sigo sin tocar la balalaika

Fue en marzo de 1972, creo recordar ahora el compañero de colegio con el que fui y cuyo nombre he olvidado [ y mira que lo tengo fácil consultando mi diario de aquel año, cosa que nunca hago]. Era un cine de barrio, que ya no existirá, el cine Oloriz de Valencia. Y también recuerdo quien ocupaba mi corazón de adolescente aquel curso de 1971-72, se llamaba Elena Añó del primer curso de inglés en la Escuela Oficial de Idiomas de Valencia . Mi madre tuvo el buen tino de que me matriculara de inglés para paliar de que en aquellos años solo nos enseñaban francés en el colegio.





El pasado jueves 23 de febrero una vez más volvieron a dar la película por tv. A lo largo de los años la han dado muchas veces y creo que entera no volví a verla . Esta vez no ha sido así y la he visto, tenía cierto pudor de volver a hacerlo, porque ya no te guste o te guste menos y se derrumbe el halo entrañable con que la recordabas , o también porque no quieras disociarla de un estado de ánimo y momento de tu vida.Claro que esto solo pasa en películas que te han impresionado.





Empecé viendo alguna escena, pero a la 2ª o 3ª incursión ya quedé atrapado en la más que sabida trama, aunque la novela que la tengo por duplicado no la he leído nunca por el miedo a que me defraude.





Siempre he recordado y he tenido presente escenas o expresiones memorables de la película. Algunas creo que sin saber por qué han influido en mi vida, gustos o hábitos o las he tenido presentes : Con especial unción recuerdo el entierro del principio en la desolada estepa; la impertérrita espera de la caballería antidisturbios antes de ir contra los manifestantes; el estelar papel del hermano y narrador Alec Guiness y su escena de autoridad cuando chascando los dedos se apartan del hermano los hóstiles coinquilinos; el "somos partisanos rojos y fusilamos a los desertores"; la entrañable escena de la escritura nocturna en la casa helada a la luz de una vela sobre su escritorio juvenil y escribiendo en la polar noche y con mitones en las manos, sobre la mujer que pronto perderá para siempre. Durante años cuando como ahora de noche, con leve luz y ambiente invernal he escrito algo, no he podido dejar de evocar aquella escena de Varikino, especialmente si lo escrito hacía alusión a asuntos de corazón atravesado.





También es especialmente emotivo el comentario del narrador recordando la última vez que la vió aludiendo a que se pierde para siempre en la vorágine de la historia y el anonimato. Y el final, ese final en que se pregunta a la presunta hija sobre si toca la balalaika.





Sí, ya sé que no he dicho que película es, pero no importa, tampoco he dicho quien soy yo.





Recuerdos que reverdecen,sábado 3 de marzo de 2012



No lo hago nunca, aunque supongo que alguna vez sí que lo habré hecho.Hoy he consultado mi Diario correspondiente a 1972, era un solo bloc para 1971 y 1972; y he ido a esos primeros meses de hace 40 años. En efecto ELENA AÑÓ era constantemente citada, incluso está la mención de su dirección y teléfono. En aquel entonces escribía muy poco, pero eso sí, todos los días. Y en ese poco no faltaban escuetos comentarios que por sí mismos poco denotan pero de los que yo recuerdo ahora su alcance aún en la cortedad de la pluma más incipiente de adolescente.





El futuro , hoy presente nos ha dado útiles instrumentos de búsqueda de episodios, personas y cosas.Peo nada he encontrado de Elena Añó asomándome a la red, salvo la que yo mismo he generado. ¿Se perdió anonimamente en la Historia como Lara?¿Y si hubiese muerto? Pero también los muertos recientes dejan rastro por webs de obituarios donde su fallecimiento se registra automáticamente.



En todo caso vive estos días en mi recuerdo, luego no se ha perdido anonimamente en su vida privada. Algún efecto puede que produzca en el evocado que alguien piense en ti remotamente con la intensidad del amor, aunque sea pasado.



Nada explícito le dije a ella en su momento, creo que por verla un poco mayor que yo, y eso en la adolescencia es mucho.Si pudiera viajar 40 años atrás me abordaría y me diría: como no soy tu padre,sino que soy tú, solo te quería decir que se lo digas.



Me viene ahora cierta angustia de pensar que si estoy volviendo al pasado es porque me queda mucho menos futuro, en todo caso :Elena, estés donde estés te mando el beso que nunca te dí con un retraso de 40 años.No me diste nada más que el leve trato de compañero de un solo curso, pero yo tuve bastante con quererte durante el mismo.

3 comentarios:

  1. No tengo duda sobre qué película te refieres. Yo tampoco he leído la novela, que también tengo, y la película entera la he visto asimismo solamente una vez.

    El cine se aleja cada vez más de mí. Tal vez sea porque me hago mayor, pero no soy capaz de emocionarme con casi nada de lo que se hace actualmente y siempre recurro a películas ya vistas y conocidas, que me reafirman en sentimientos en los que quiero recrearme.

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  2. Sí, siempre hay que decirlo A veces, sobre todo en la adolescencia, confesar el amor es correr el riesgo del rechazo, dificilmente asumible a esa edad, pero quien sabe qué posibilidades puede/podría despertar esa manifestación desvelada de unos sentimientos tal vez felizmente correspondidos.

    Dice Sabina en una canción maravillosa:

    "...tú que tanto has besado
    tú que me has enseñado
    sabes mejor que yo
    que hasta los huesos
    sólo calan los besos
    que no has dado..."

    Seguro que de alguna manera, a Elena le está llegando tu beso.

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